Cortes de Arenoso, es un pueblo pequeño y poco animado; pero tiene sus notas de tierna poesía y costumbre de verdadero encanto. Sus casitas son blancas, y sus ventanas festoneadas de matas de albahaca y de claveles, embalsaman las calles en las noches estivales.

Los montes que lo circundan, cuajados de bosques ricos de sabia y verdor, le dan sus aires puros y sanos, y recuerdan sus idilios pastoriles. Sus hondos barrancos, espumosos torrentes y grupos de rocas agrestes y grises, les prestan majestad y bravura, con su fuente de la Calera.

La mano del hombre, ambicioso de civilización y de dinero, ha trabajado poco en aquel rincón valenciano, dejando en sus montes y llanos, el sello inmaculado de su primitiva belleza. Las costumbres de los habitantes, eran, hace algunos años, dignas de estudio; y como el pueblo y sus alrededores, estaban impregnados de la más tierna poesía. La presa grosera de nuestro siglo ha quitado a las provincias españolas lo que constituía su más delicioso encanto.

Los domingos, días felices para el campesino que pasa la semana dedicado a un rudo trabajo, era el día que, ebrios de locura y de placer, entonaban su más tierno encanto al amor. Se levantaban al amanecer el alba los mozos del pueblo y de las vecinas masías, y procedían a su tocador de gala. En el campo no hay cosmético ni brillantina.

Allí solo se conoce el agua clara y el jabón barato. Las pieles curtidas por el sol y el aire del campo, no necesitan adobos. La salud y la sangre les presta arrebol y colores.

(Parrafos del Autor: Juan José Catalán Catalán en su libro "Historia de las Masías")

Te invitamos, a continuación, a dar un paseo por este pequeño, tranquilo y encantador pueblo de Cortes de Arenoso.

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